Día uno. Esto no significa que escribiré todos y cada uno de los días que dure mi catarsis emocional. Pero en ocasiones, cuando sienta que retorno a las estúpidas ideas, desahogaré mis pensamientos, como ya es costumbre en mis letargos de sumisión animosa. Yo, me declaro estupefacta de la vida y decepcionada un poco de mi proceder, sin embargo, como espero un desarrollo fructífero de mi método, auguro con toda seguridad que será beneficioso. No me arrepiento de mis decisiones, ni cuestiono mi pasado con ánimo de cambiarlo, pues de igual forma, resulta imposible. La impulsividad que me regaló momentos de exaltación emocional como ninguno y que lleno mi pecho de un calor infinitamente placentero, un cariño y un capricho, por mucho, verdaderos. Sin embargo el tiempo transcurre y la exclusividad es utópica, la verdad radica en comprender la multiplicidad del afecto y formar a la mente en el quehacer ordenado de la repartición afectiva, sin extremos viciosos. Hace una semana vi nuevamente la película “Inception”, como consecuencia tuve rondando en mi cabeza aquello que más me gustó de ella. “Una idea es como un virus, resistente, altamente contagiosa. La semilla más pequeña de una idea, puede crecer y puede hacerlo para definirte o destruirte”.

